Siempre habría un viernes que viene.
>> jueves, 25 de septiembre de 2014 –
microrelato
El peso de mi insomnio se cernía sobre mis párpados cansados que, adornados con unos sedosos vestidos negros, conseguían mantenerse atentos, buscando aquella figura a las ocho menos veintitrés minutos de la mañana. Conocía la situación tanto como me conocía a mí mismo, y durante mis dos escasas horas de sueño la había idealizado hasta el límite de lo absurdo.
Allí estaba ella, como cada viernes, puntual y con la mirada perdida en alguien que no terminaba de aparecer. Al igual que cada viernes el libro que dormía bajo su brazo había cambiado. Conocía cada uno de ellos y pese a ver como dormían sentía que me susurraban, que me invitaban a acercarme a ella. Y allí estaba yo, quieto, tan cerca pero tan lejos de su mirada que mis pies no se atrevían a caminar. Pero entonces en mi interior sentí su mirada posarse suavemente sobre la mía, una sonrisa brotó de aquellos labios pausados y su lengua dibujó mi nombre en el aire aún frio de aquella mañana de primavera.
Finalmente escuché aquel silbido infernal que me devolvió a la tierra, sintiendo la puerta de cristal cerrarse a escasos milímetros de mi cara. El metro comenzó a moverse y dejé atrás aquella familiar figura que algún día llegaría a mirarme, porque siempre habría un viernes que viene.
Allí estaba ella, como cada viernes, puntual y con la mirada perdida en alguien que no terminaba de aparecer. Al igual que cada viernes el libro que dormía bajo su brazo había cambiado. Conocía cada uno de ellos y pese a ver como dormían sentía que me susurraban, que me invitaban a acercarme a ella. Y allí estaba yo, quieto, tan cerca pero tan lejos de su mirada que mis pies no se atrevían a caminar. Pero entonces en mi interior sentí su mirada posarse suavemente sobre la mía, una sonrisa brotó de aquellos labios pausados y su lengua dibujó mi nombre en el aire aún frio de aquella mañana de primavera.
Finalmente escuché aquel silbido infernal que me devolvió a la tierra, sintiendo la puerta de cristal cerrarse a escasos milímetros de mi cara. El metro comenzó a moverse y dejé atrás aquella familiar figura que algún día llegaría a mirarme, porque siempre habría un viernes que viene.

Me encantó esta entrada, Mónica. ¿Quién no ha ido con ganas a un sitio aunque las condiciones fueran adversas, sólo con la ilusión de encontrarse con alguien?
Sé que no tiene nada que ver, pero la última parte, cuando ella desaparece en el metro, me transportó mentalmente a la canción "you're beautiful" de James Blunt. Recuerdo la estrofa que decía algo como "I saw your face, in a crowded place and I don't know what to do, cause I'll never be with you". Pues no sé por qué, tu texto, me hizo pensar en ella. Probablemente fue el sentimiento de impotencia que debió sentir él al verla desaparecer un viernes más.
Sea como sea, el futuro de tus personajes es mucho más alentador; ellos se verán de nuevo el viernes siguiente y ojalá tengan una oportunidad.
Breathinghominess